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Si durante el juicio los acusados hubiesen entrado en contradicciones en sus declaraciones bajo juramento y, por ende, cometido perjurio; y los supuestos delitos se consideraban graves, los inquisidores ordenarían su sometimiento a tormento para obtener su confesión. Entre los instrumentos de tortura utilizados por la Inquisición los principales fueron:

La garrucha: consistía en sujetar al reo con los brazos en la espalda, mediante una soga movida por una garrucha y subirlo lentamente. Cuando se encontraba a determinada altura se le soltaba de manera brusca, deteniéndolo abruptamente antes de que tocase el piso.

El potro: colocaban al preso sobre una mesa, amarrándole sus extremidades con sogas unidas a una rueda. Esta, al ser girada poco a poco, las iba estirando en sentido contrario, causando un terrible dolor.

El castigo del agua: estando el procesado totalmente inmovilizado sobre una mesa de madera le colocaban una toca o un trapo en la boca deslizándolos, en cada caso, hasta la garganta. Luego el verdugo procedía a echar agua lentamente, produciendo al preso la sensación de ahogo.

Además, como parte de la sentencia el reo podía ser azotado o entregado al brazo secular, lo que equivalía a una condena a muerte. La persona que utilizaba estos instrumentos de tortura era el verdugo. El uso del tormento era genérico en todos los tribunales de la época. Actualmente está prohibido por la Constitución, la Declaración de los Derechos Humanos (1948) y la Convención contra la tortura (1984), entre otras normas de carácter nacional e internacional.

 

Tortura de la Garrucha. Consistía en amarrar al preso con los brazos hacia atrás, colgarlo y subirlo lentamente. Cuando se encontraba a determinada altura era soltado bruscamente, sujetándosele fuertemente antes de que tocase el piso. El dolor producido en ese momento era mucho mayor que el originado por la subida. Si el preso no confesaba en la segunda estrapada, le colocaban un sobrepeso en los pies a fin de aumentar el dolor.

 

Tortura de los Azotes El preso era inmovilizado en el cepo de las manos y del cuello, dejando desnuda su espalda, en donde le aplicaban la cantidad de azotes que determinase el Tribunal. Su número variaba entre 50 y 200, dependiendo de la gravedad de las faltas cometidas y la consistencia física del encausado. El castigo del azote, a diferencia de los otros, no se aplicaba para obtener la confesión sino como parte de la sentencia, en los casos en que se había determinado la culpabilidad de los reos en faltas graves. Era el único tipo de castigo físico que incluían las sentencias.

Pena del Garrote Las mancuernas también podían usarse para la ejecución de la pena del garrote, la cual era aplicada a los reos cuya sentencia a la hoguera ya había sido leída pero que, después de dicha lectura, se arrepintieron. Con esto se les evitaba sufrir los atroces dolores que implicaba el ser quemados vivos, además de lo cual obtenían el perdón de sus faltas; lo que, si bien no les serviría para salvar sus vidas, sí les sería útil para la salvación de sus almas.

 

Tortura del Potro
Consistía en colocar al preso sobre una mesa, amarrado de las extremidades por una soga sujetada a un carrete, el cual, al ser girado poco, a poco las iba estirando en sentido contrario, causándole así un terrible dolor. Éste era, en la época, el instrumento de tortura más empleado en el mundo.

Al lado del acusado se colocaba un notario que se encargaba de escribir todo lo que el reo manifestase. Dicha confesión, para tener validez, debía ser ratificada al día siguiente libremente, sin el uso del tormento, pues en caso contrario carecería de valor alguno. El tiempo máximo de duración del tormento no podía exceder de una hora y cuarto. La tortura se graduaba a la contextura del reo y a los delitos que se le atribuían, estando terminantemente prohibido producirle el derramamiento de sangre, malograrle algún órgano o poner en riesgo su vida. Para ello, el inquisidor supervisaba la sesión acompañado por un médico .

Verdugo: vestido con capucha tapándole el rostro.
Médico: vestido elegantemente de civil.

 

Tortura de Agua
Estando el procesado totalmente inmovilizado sobre una mesa de madera, le colocaban una toca o un trapo en la boca, deslizándolo hasta la garganta; luego, el verdugo procedía a echar agua lentamente, produciéndole al preso la sensación de ahogamiento.

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