Page 75 - Vida y Obra de Vizcardo Guzman - Vol-1
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Nueva Colección Documental de la Independencia del Perú
             Vida y obra de Juan Pablo Viscardo y Guzmán
            principales reformas que la profunda experiencia de Túpac Amaru aconseja
            adoptar; sólo aquellas, sin embargo, que garanticen la continuación del siste-
            ma colonial.
                    En los decenios finales del XVIII resulta claro, pues, que el fervor re-
            gionalista, la introspección de lo vernáculo, el patriotismo nacional que flore-
            ce en el clima de la Ilustración, alcanza, con todas las limitaciones del desfase,
            a las sociedades hispanoamericanas en un estadio de inquietudes políticas y
            de reformas administrativas y económicas que precisamente la rebelión acele-
            ra y profundiza. Se produce en la metrópoli, no cabe duda, una nueva actitud
            frente a la realidad de América al tiempo que maduran proyectos integradores
            al estímulo de la gran rebelión.
                    La derrota de Túpac Amaru y la represión de todas sus gentes no pro-
            duce un hiato entre ese levantamiento y las posteriores rebeliones y conspira-
            ciones. Por el contrario, la investigación documental cada día ofrece nuevos
            indicios de que tanto en el ánimo de la corona cuanto en la vida misma del
            Virreinato aquello fue un anuncio que no pudo desoírse, un factor condicio-
            nante definitivo e insoslayable que sentó las bases y preparó el ánimo para
            todo lo que luego vendría.
                    Se ha exagerado tal vez el divorcio entre Túpac Amaru y las aristocra-
            cias criollas urbanas.
                    Además del eco lejano y vigoroso, aunque idealizado, de Viscardo, es
            interesante destacar las vinculaciones del cacique con un criollo limeño de las
            significaciones de Baquíjano y Carrillo. Baquíjano había hecho, como Protec-
            tor de Indios, la defensa de oficio del cacique de Pisac Tambohuacso, que se
            levanta con el criollo Farfán de los Godos en el Cuzco, un año antes que Túpac
            Amaru. En agosto de 1781, muy vivo aun el recuerdo de las tremendas escenas
            de mayo, Baquíjano pronuncia en San Marcos el Elogio del virrey Jáuregui, que
            es un severo enjuiciamiento de la política de Areche, un llamado a la recon-
            ciliación en un tono de innegable simpatía por el rebelde y una identificación
            de sus principales demandas con el bien común del virreinato peruano. Pocos
            meses más tarde Baquíjano se constituye en defensor del conspicuo cusque-
            ño Antonio Ugarte, pariente de Condorcanqui y acusado por las autoridades
            españolas de haberlo secundado. Casi de inmediato, da la batalla, sin éxito,
            por la reforma de San Marcos, pero impulsa, en cambio, junto a Rodríguez
            de Mendoza, la del Convictorio de San Carlos. Por su actuación de esos años
            Baquíjano ve proscrita la edición de su Elogio y detenida casi por veinte años



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