Page 576 - La Revelión de Tupac Amaru II - Vol. III
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Volumen  3
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            indios, mestizos y español le rinde obediencia a excepción de unos u otros que
            conociendo el engaño se retiran donde pueden. Desde el primer día que se
            me dio aviso de la tragedia en Tinta, dispuse en esta ciudad una junta de gue-
            rra, compuesta de sujetos de talento, conocimiento práctico de este país y que
            puedan pensar lo mejor con frescura de ánimo. Dí todas las providencias a
            proporción de las facultades que dá esta plaza y el terreno como son: pólvora,
            balas, fusiles y escopetas, sables, bayonetas, chuzos, etc. Di a la consideración
            de Vuestra Excelencia una plaza como ésta, que no es de armas y que es como
            otra cualesquiera provincia a excepción de cuatro vecinos más; amagada por
            el tirano de fuerzas crecidas, qué confusión no habría en prevenir ya gente, ya
            armas, ya pólvora balas, etc. No obstante, en lo que pude dispuse en regla al
            termino más posible. Se tomaron tropas de las provincias inmediatas, nombré
            por Mayor general de este pequeño ejército al Teniente Coronel de los Reales
            Ejércitos Don Juan Manuel Campero, quien hace ocho o nueve días arribó a
            esta ciudad y se me presentó inmediatamente como oficial instruido, activo y
            de todo mérito, le dí el destino referido. Pasé a nombrar por Inspector General
            a Don Manuel Villalta; Corregidor de Abancay, por Comandante del cuartel
            general a Don Joaquín Valcarcel, Corregidor que fue de Quispicanche y ofi-
            cial del ejército; e instruido en la mecánica de la tropa; igualmente nombré
            por Comisario de Guerra a Don José Lagos que; aunque es Administrador de
            Tabacos se halla impuro en el manejo de esta mecánica. Aunque la ciudad en
            el estado que hoy se halla es de mil doscientos a trescientos de tropa, incluso
            el auxilio que dieron Calca, Abancay y Paruro tenemos aquel no mal fundado
            recelo, que poniendo a la vista el enemigo cuarenta mil indios y muchos más
            que desde luego puede traer de las provincias cogidas, se aterrorizen e inti-
            miden todos estos nuestros y a primer vista vuelvan las espaldas, quedando
            para la resistencia el cuerpo de cien sujetos que se componen de las familias
            distinguidas que hay en esta ciudad, el cuerpo del comercio así de acá como
            de los de Europa y algunas familias conocidas de este vecindario. Que esto es
            decir la oficialidad, pues, en todo lo demás no hay la mayor confianza, pues,
            se asegura tiene movidos a estos indios por comunicación como a mestizos.
            Todo esto hace ver que la ciudad; aunque poblada de gente será de pase del
            enemigo en aquel caso y por consiguiente de poquísima defensa. Y sólo en-
            cuentro dos medios para que no peresca: primero, que Vuestra Excelencia se
            sirva mandar socorro sin pérdida de tiempo y en marcha no regular si no de
            toda actividad, como igualmente armas de fuego que sólo se hallan noventa



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