Page 434 - Vida y Obra de Vizcardo Guzman - Vol-1
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Volumen  1
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            imprudencia fulminan imposturas y dicterios que anuncian desde luego la
            poca dignidad de sus autores, sin que puedan eclipsar mi conducta garantiza-
            da por sí misma y justificada por la constancia de unos hechos que atestigua
            la opinión pública. No me detendré sobre este particular, porque sé que en ese
            virreinato hay hombres pensadores que saben discernir la verdad de la im-
            postura y no carecen de exactitud en las noticias: no ignorarán que todos los
            pueblos de este distrito han proclamado su confianza en la imparcialidad del
            gobierno por medio de su júbilo y general contento, y que hasta hoy ningún
            particular ha podido quejarse sino de su propia comportación.
                    Mas tampoco veo que las noticias relativas al estado actual de la anti-
            gua España, anunciado con aparatos de prosperidad en los manifiestos y pa-
            peles públicos sean más seguras ni menos fabulosas que las anteriores. El vi-
            rrey Abascal olvidando que también discurren los hombres que habitan cerca
            de él, publica que la España ha convalecido, y que restituida en su vigor será el
            contraste de nuestros planes de equidad. ¿Y quién no ve la impotencia de estas
            fastuosas noticias? Ellas descubren los temores de un tirano, que no encuentra
            asilo sino en la falsedad, y que para sostenerse se ve en la precisión de hacerse
            más sospechoso, ocultando siempre la verdad y publicando a cada paso la
            mentira. Nadie ignora que atacada la constitución de España mucho tiempo
            ha por sus mismos agentes y ministros, y enervados los últimos residuos de
            su fuerza por las armas de un déspota guerrero sucumbirá enteramente y su
            ruina llenará la última línea en los fastos de su historia. Según estos principios
            no es el celo por la causa del desgraciado Fernando el que nivela los planes
            prestigiosos del virrey de Lima y sus secuaces: él ve que casi todos los pueblos
            de la América austral y septentrional proclaman su libertad: él sabe que en
            su mismo territorio hay almas nobles y virtuosas que jamás harán paz con
            los tiranos: él conoce que las mismas fuerzas con que al presente intimida a
            los pueblos amenazan su despotismo, y en tan fatales conflictos llama a mis
            satélites, invita a sus parciales, entra en consejo con ellos y resuelve descargar
            los últimos golpes de su furor sobre los que se han decidido a no ser esclavos:
            fomenta un ejército de oposición para resistir a las armas de la patria que van
            a auxiliar los oprimidos, y se arroja el derecho de declarar que las provincias
            de su distrito rehúsan este auxilio y protestan sentimientos contrarios a los de
            este gobierno, como si la calidad de virrey; es decir de un simple ejecutor de
            las leyes lo autorizase para un negocio que sólo mira al interés de los pueblos
            a quienes exclusivamente toca declarar su voluntad en este caso para oponer



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