S O B R E - E L - M U S E O



HISTORIA DEL MUSEO DE LA INQUISICIÓN Y DEL CONGRESO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

l Museo fue inaugurado, con el nombre de Museo del Congreso Nacional, el 26 de julio de 1968, por Armando Villanueva del Campo, entonces Presidente de la Cámara de Diputados –de la cual dependía el local por el funcionamiento de la Biblioteca Pública. En su discurso Villanueva agradeció a Ismael Echegaray, Oficial Mayor de la Cámara de Diputados y del Congreso, así como a los trabajadores del Parlamento quienes con su esfuerzo habían hecho posible la creación del Museo. Entre estos cabría recordar a Mario Peláez Bazán, uno de los colaboradores en tal tarea (1).

EL Museo del Congreso funcionaba únicamente en el ambiente principal, la ex-sala de sesiones del Senado. En vitrinas, en ambos lados, se exhibían algunos documentos del Poder Legislativo correspondientes al siglo XIX. En el fondo de la sala se exhibía una colección de banderas y la mesa de los inquisidores. La intención de Villanueva era que todo el local se destinase al Museo y que éste abarcase en sus salas de exhibición tanto la historia del Congreso como la del Tribunal de la Inquisición. Sin embargo, la mayor parte del local aún lo ocupaba la Biblioteca Pública de la Cámara de Diputados y el golpe de Estado, producido apenas dos meses después (3 de octubre de 1968), impidió la materialización de tal proyecto. El primer director del Museo del Congreso fue Juan Seoane Corrales.

Villanueva creó el Museo como un servicio de proyección cultural del Poder Legislativo. Tal como lo refirió al autor, a pesar de que entonces el Congreso era bicameral y de que él presidía la Cámara de Diputados no quiso limitar la función del Museo a ésta. Dos hechos significativos que demuestran la veracidad de tal afirmación es que hizo participar en la fundación a los directivos y miembros de ambas Cámaras Legislativas, y de que en la exposición montada entonces se incluyó documentación de ambas Cámaras así como de Congresos unicamerales. Además entendió que la misión del Museo no se debía limitar a organizar una exhibición de documentos y objetos sino que debía ser esencialmente educativa y democrática. Por dichas razones el Museo contó desde sus primeros días con guías que explicaran el contenido y sus servicios fueron –y siguen siendo-gratuitos. En alguna forma nos recuerda la afirmación de Sebastián Salazar Bondy referida a la necesidad de contar con un nuevo tipo de museos, cuando sostenía que un museo debe ser:

"Un museo dinámico, que no se detenga en su labor docente, que enriquezca sus medios y su contenido al ritmo más acelerado, que se abra a la muchedumbre como una universidad libre, que conserve parte de nuestro patrimonio y busque completarlo con expresiones del arte de todos los pueblos de la tierra, que no tenga prejuicios hacia determinada expresión de ayer y hoy, que brinde en sus muros y salas, en su auditorium y sus otras dependencias, cultura gratuita, y que, en substancia, termine con esa terrible ausencia educativa a la que se aludió al comenzar esta nota. Ello será un signo visible de que el Perú cambia, de que hay, por lo menos, una parte de sus dirigentes que piensa que el saber no es un peligro y que, mediante él, las masas verán más claramente cuál es el papel que les toca cumplir en la historia. Será manifestación, pues, de que el estrecho concepto oligárquico de que lo bello y lo bueno es sólo para unos cuantos ha sido sustituido por otro, de origen social, de origen moderno y progresista, que sostiene que todo es para todos, porque todos somos iguales en la tarea de hacer el mundo mejor (2)".

El 31 de octubre de 1968, durante el gobierno militar encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, fue nombrado a través del Decreto Supremo N° 063-68/GP, el general E. P. Carlos Bockos Heredia como personero de las Fuerzas Armadas en el Congreso. Bockos amplió las funciones del Museo agregándole la temática inquisitorial. En tal empeño aumentó el número de salas de exhibición, montando como tales los ambientes de la parte posterior del local con la excepción de los utilizados como sala de lectura y hemeroteca. La Biblioteca ocupaba además la cámara del secreto, la saleta, los ambientes usados actualmente como oficinas, el íntegro de la segunda planta y el pórtico, es decir, casi las dos terceras partes del local.

Bockos solicitó al Ministerio de Educación, mediante oficio del 6 de febrero de 1969, el apoyo técnico y económico para los trabajos de restauración del Museo. En el mismo sentido se dirigió, el 13 de marzo de 1969, al Presidente del Consejo Nacional de Restauración y Conservación de Monumentos Históricos y Artísticos. En realidad recibió muy poco apoyo de estas entidades para el objetivo que se había propuesto: la organización del Museo de Sitio del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Para dicho fin nombró una comisión que se encargase de determinar "La ubicación, funcionamiento y distribución de los organismos del Santo Oficio de la Inquisición", la cual estuvo integrada por Percy Vargas, presidente; Atilio Sivirichi, asesor; Susy Crosby de Campodónico, secretaria; y Rebeca Tebes de Debernardi.

Los mejores y los mayores aportes los realizó Percy Vargas Valencia quien realizó diversas investigaciones en el Archivo General de la Nación, en los conventos de San Francisco y Santo Domingo, en las bibliotecas del Senado, Diputados, San Marcos, etc. Entre sus aportes destacan algunas transcripciones paleográficas de sumo interés, como la de El edicto de la fe utilizado por el Tribunal (3).

A través de la Resolución N° 71-D, del 12 de marzo de 1970, se formó una comisión encargada de formar el inventario del Museo, la misma que estuvo integrada por los siguientes trabajadores de la Cámara de Diputados: Delfín Sotelo Mejía, Director de Mesa de Partes y Agenda, presidente; Elías Gutiérrez Cáceres, Director de Archivo General y de Catalogación; Oliverio Portal Lovera, Sub-director de la Biblioteca Pública; Susy Crosby Vargas de Campodónico, secretaria, traductora del Departamento General de Secretaría de la Mesa Directiva; y, María Esther Castillo de Guevara, oficial 6° de la Sección Circulación y Vigilancia de la Dirección de Biblioteca Pública.

Las diferencias con Percy Vargas lo llevaron a Bockos a nombrar, a través de la Resolución 390-D, del 31 de diciembre de 1971, un segundo grupo de trabajo que colaborase con él en la organización del Museo, al cual denominó Comisión Especial. Esta vez desplazó a Vargas de la presidencia, dejándolo como un miembro, y reemplazándolo por el capitán E. P. Carlos Obando Oliveira. Además estuvo integrada por Felipe Antonio Oliverio Portal Lovera y Susy Crosby de Campodónico. El doctor Atilio Sivirichi Tapia seguía actuando como asesor ad-honorem.

Bajo la supervisión de Bockos se realizaron excavaciones en el local, lamentablemente sin la participación de un arqueólogo, lo que hubiese permitido obtener resultados más precisos. En dichos trabajos se encontraron pisos de ladrillo de la época colonial, fragmentos de pintura mural y restos de un acueducto.

Bockos logró traer algunos objetos del Museo Nacional de Historia a través de la Resolución Ministerial N° 1067, del 9 de mayo de 1969, los mismos que son los siguientes:

1. Tres rejas de hierro procedentes de los calabozos del Tribunal de la Inquisición. Estas habían sido enviadas al Museo por el Senado Nacional en agosto de 1916. Sus medidas son: 1.82 m. x 1.38 m. Cada una pesa tres quintales.

2. Una cariátide labrada en piedra, la boca es un agujero por donde seguramente emanaba agua en forma de pila. Sus medidas son: 0.43 m. x 0.30 m. x 0.20 m (4).

3. Mesa de cedro, tallada, tablero de una sola pieza (rajado), seis patas curvilíneas, enlazadas entre sí por travesaños curvilíneos que se cruzan en dos adornos torneados. Esta mesa fue del Tribunal de la Inquisición en la época colonial. Está barnizada de color oscuro (5).

4. Tres objetos del Tribunal de la Inquisición: una cruz sarmentada y dos candelabros torneados, todos de madera. La base de la cruz y de un candelabro parecen ser posteriores (6).

La Resolución Ministerial N° 3226, del 21 de noviembre de 1969, permite enriquecer la pequeña colección del Museo con los siguientes objetos:

1. Escudo del Tribunal labrado en piedra. Fue obsequiado por el señor Jauregui, el 15 de enero de 1909. Medidas 0.67 m. x 0.62 m.

2. Cruz de los ajusticiados. De madera, pintada de color gris oscuro. En los extremos de los brazos tiene agarraderas metálicas y en la parte superior un medallón metálico a modo de roseta. Estuvo colocada en el callejón de Petateros, hoy pasaje Olaya, frente a la horca. Se exhibe sobre una peana de madera moderna. Dimensiones: 1.75 m. x 1.77 m.

3. Sillón colonial de caoba, tallado, color oscuro, brazos ondulados, espaldar alto, tallado y calado; asientos y respaldos tapizados en terciopelo color rojo (restaurado). Dimensiones 1.40 m. X 0.71 m (7).

Poco tiempo después la colección se vio incrementada por la Resolución Ministerial N° 064, del 21 de enero de 1970. Esta norma dispuso que el Museo de Historia entregue al Museo de la Inquisición tres rejas pequeñas, procedentes del Tribunal de la Inquisición. Medidas 0.82 m. x 0.65 m (8).

La Gran Logia del Perú, mediante oficio del 26 de junio de 1972, donó los cepos y la viga con la inscripción de "Ave María Purísima".

Por iniciativa de Bockos el ingeniero Emiliano Lazo Taboada realizó algunos trabajos de restauración en el local como la colocación a fines de 1969 de un sobretecho recubierto por ladrillo pastelero que protegiese el artesonado de la sala de audiencias. También se restauró la saleta y se reforzó el techo de la cámara del secreto. Tales trabajos se realizaron con la supervisión del Consejo Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos Históricos y Artísticos. Asimismo, Lazo cambio la farola ubicada en el pasadizo que comunica la sala de audiencias con la cámara del secreto y la cornisa del patio del local.

En 1970 Lazo tuvo a su cargo las obras adicionales que se realizaron en la planta alta de la cámara del secreto con la finalidad de proteger el techo. Para ello se colocaron en las vigas talladas doble T de hierro con abrazaderas y viguetas entre las alas de las vigas doble T. Igualmente se acondicionó la parte de la segunda planta construida sobre la cámara del secreto. Para esto último se levantó 1.53 metros el piso, se colocaron vigas de fierro doble T, ejecutando un anillo de ladrillos kong doble y colocando luego durmientes provenientes de las viguetas divididas, se colocó machihembrado de pino y se levantó puertas y ventanas. Todas estas obras también fueron realizadas por Lazo, con la supervisión del Consejo Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos Históricos y Artísticos.

Cabe añadir que Bockos hizo colocar la escalera de piedra que se ve en el denominado pasaje secreto, en el mismo lugar en que se hicieron las excavaciones en julio de 1934, cuando se realizaron en el Senado los trabajos a que ya antes nos hemos referido. Esta se construyó con piedra rodada extraída del propio desmonte del edificio. En cuanto al pasaje fue el resultado de las excavaciones realizadas por Bockos para exhibir, según el decía, la pared allí encontrada. En dicho pasaje colocó las rejas del Tribunal para su exhibición:

"Es del todo exacto que, en dicho foso y con presentación en realidad impresionante, se han colocado tres rejas auténticas y efectivamente pertenecientes a los calabozos del tanta veces nombrado tribunal de la Inquisición, pero no para ofrecerlas como ubicadas en sitios que se asegure correspondieron a las celdas originales, sino para exhibirlas, como ellas fueron, dando, sí, una idea aproximada de lo que otrora constituyeron elementos terroríficos empleados para ejecutar el más duro e inhumano castigo (9)".

Como lo declara el propio Bockos, el supuesto pasaje secreto fue el resultado de la errónea interpretación de un hallazgo anterior (1934) y del aporte de su imaginación. En realidad se trata de una acequía que colindaba con las celdas de la Inquisición. Basamos nuestra afirmación en que al producirse el terremoto del 28 de octubre de 1746, conforme lo demuestra la documentación, gracias a los esfuerzos del visitador Pedro de Arenaza los presos escaparon de ahogarse por el desborde de la "acequia inmediata". Otro producto de la imaginación de Bockos fue la denominada sala de la capilla o capilla de los ajusticiados. En realidad era una saleta que se usaba para las confesiones procesales de los reos, más no para confesiones sacramentales.

También se proyectó construir, en el terreno ubicado en la esquina formada por la av. Abancay y el jr. Junín, así como en inmuebles contiguos, un local para la Biblioteca Pública de la Cámara de Diputados.

Por estos años, debido a su enorme valor histórico y artístico, el inmueble fue reconocido como monumento nacional a través de la R. S. N° 2900-72-ED, del 28 de diciembre de 1972. Dicha norma, aprobada a iniciativa de la doctora Martha Hildebrandt, entonces directora del Instituto Nacional de Cultura, agrega que tal reconocimiento se realiza con la finalidad de contribuir a su conservación y restauración. De hecho esta Resolución Suprema fue la base jurídica que evitaría, años después, la demolición del local y, en la segunda mitad de la década de los noventa, la misma Martha Hildebrandt supervisaría la restauración y remodelación del Museo.

Hacia 1972 las salas de exhibición del Museo eran las siguientes: sala de audiencias, capilla de los ajusticiados; sala de los autos de fe; sala de la mancuerda; sala de los sambenitos; sala de los suplicios y el denominado pasaje secreto.

En 1975 hubo un intento del Instituto Nacional de Cultura para que el Museo de la Inquisición y del Congreso le fuese transferido. Esto hubiese supuesto igualmente la transferencia de la Biblioteca que funcionaba en este local. Fue un mérito de la gestión de Bockos la defensa que realizó en aquella oportunidad del patrimonio cultural del Poder Legislativo a pesar que por entonces, desde el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968, la consiguiente disolución del Congreso y el establecimiento del gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas, el Parlamento no funcionaba.

Cabe agregar que durante los años ochenta hubo algunos proyectos para lograr la puesta en valor del Museo. Así, el 26 de julio de 1984 la Cámara de Diputados, representada por la señora Esther Muzurrieta de Nieva, Diputada Pro-Secretaria Bibliotecaria y el Instituto Nacional de Cultura, representado por el arquitecto Víctor Pimentel Gurmendi, Director General del I. N. C., firmaron un convenio para "la restauración integral y adaptación museológica del inmueble. En este mismo año, los antiguos maniquíes del Museo fueron refaccionados por Sixto López Silva, un trabajador del Senado. Asimismo en 1988 hubo un segundo intento de restaurar este inmueble. La Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, presidida por Héctor Vargas Haya, a través de la Resolución N° 316-88-CD/P, del 15 de noviembre de 1988, aprobó un proyecto de convenio entre esta Cámara y el I.N.C. "Para que esta rama parlamentaria cuente con el asesoramiento técnico necesario para la realización de los proyectos y trabajos de restauración del Museo del Congreso y de Sitio del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición". Además, se autorizó a la Diputada Nelly Alvarado de Sarmiento, Pro-Secretaria Bibliotecaria, para que firmase el mencionado convenio.