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CAUSAS DEL FRAUDE ADUANERO Y
ACCIONES PARA SU REPRESIÓN
UNA PROPUESTA PARA LA ACCIÓN
En primer término deseo agradecer
la oportunidad que me brindan de participar en este
evento, y a la par, expresarles el saludo de los presidentes
de la Sociedad Nacional de Industrias, de la Asociación
de Exportadores del Perú, y de la Cámara
de Comercio de Lima, instituciones con las que hemos
trabajado estrechamente para combatir el contrabando
y las demás prácticas comerciales ilícitas
que afectan la economía peruana. Las elecciones
que nos han dejado el trabajo realizado en el Perú
en ese campo, es el tema central de esta exposición.
Se menciona cada vez con más
frecuencia que el mercado actual es intrínsecamente
internacional y que le futuro lo va a ser todavía
aún más. Se dice, asimismo, que los aires
globalizantes que se vienen respirando han adquirido
ahora características de vendaval. Y que éste
como todos los vendavales, pueden suponer, puede suponer
un impulso definitivo para las economías que
tengan sus velas bien orientadas, con el rumbo correctamente
calculado. Pero de hecho este vendaval puede ser devastador
para aquellas economías donde sus instituciones
y sus agentes no estén adecuadamente preparados.
Estos cambios han comprometido a todas
las naciones, desde las más grandes hasta las
más pequeñas, desde la más desarrolladas
hasta las más atrasadas, independientemente de
su disposición y preparación para afrontar
los mismos. Hoy en día, los mercados son más
cercanos y numerosos, las naciones también, pero
las fronteras se han reducido hasta casi desaparecer.
Los flujos de la información, de los capitales,
de la tecnología y del comercio se han incrementado.
Las economías entrelazadas, el comercio en bloques
y la liberalización e integración de los
mercados han creado un nuevo escenario económico
y comercial que impone la puesta en vigencia de nuevos
esquemas de comportamiento y la presencia de instituciones
eficientes.
Obviamente, en esta nueva realidad
internacional, que ha incorporado a las economías
de la Europa Oriental y de la China especialmente, las
naciones industrializadas no sólo son las que
mejor se han adaptado al cambio sino que las que también,
por su nivel de desarrollo, aceleran e imponen las nuevas
corrientes económicas, tecnológicas y
comerciales. Países como los nuestros, de escasos
recursos económicos, financieros y técnicos,
enfrentan con retraso las exigencias de este mundo globalizado
e internacionalizado. Es por ello que algunos de nuestros
países, a pesar de su vocación por la
modernidad y los cambios estructurales para enfrentar
los retos del mundo moderno, no pueden superar todavía
lacras ancestrales como el contrabando y la defraudación
de rentas y otras más recientes y más
vigorosas como el comercio ilícito de drogas.
En estos últimos años,
el Perú viene experimentando un proceso de profundos
cambios estructurales, que ha significado la redefinición
de los roles del Estado y del sector privado, la reinserción
de la economía peruana en la economía
internacional, la apertura de su mercado, la reducción
de aranceles, la modernización de sus instituciones,
etcétera. De una manera u otra, los cambios han
alcanzado a todas las instituciones y la Aduana no podía
ser la excepción. Hoy el Perú, cuenta
con una Aduana automatiza, ágil en sus procedimientos,
respetuosas en sus compromisos con la Organización
Mundial de Comercio, y en cierta forma, preparada para
las exigencias del Siglo XXI. Sin embargo, subsiste
el contrabando, la defraudación de rentas fiscales,
el comercio ilícito de narcóticos y otros
males asociados al comercio exterior, que para superarse
requieren de mayor eficiencia en la regulación
y el control, así como cambios en el comportamiento
social de las personas e instituciones.
El contrabando
Entendido el contrabando como el ingreso
de mercancías burlando los controles aduaneros,
éste se produce mayoritariamente en el Perú
por las fronteras con Chile, Bolivia y Ecuador, mediante
el denominado "contrabando hormiga", que consiste
en el traslado sistemático de pequeños
volúmenes de mercancías a través
de las poblaciones fronterizas, por "seudo viajeros"
o "seudos turistas", manipulados por mafias
internacionales, a las cuales deben entregar las mercancías
o el producto de su comercialización. La otra
modalidad, es el paso de flotas o convoyes de "trailers",
por lo general protegidas por bandas armadas, que cruzan
las zonas de frontera menos vigiladas, especialmente
con la de Bolivia, pertenecientes también a organizaciones
delictivas, nacionales e internacionales, dedicadas
a sacar divisas de algunas economías asiáticas
y al "blanqueo" de dinero procedente del comercio
ilícito de drogas, que utilizan en el caso peruano,
la zona franca de Iquique como "cabeza de playa"
de sus operaciones.
Sobre este punto es conveniente hacer una reflexión.
Muchas veces los Gobiernos por tratar de apoyar a regiones
o poblaciones menos favorecidas, crean regímenes
de excepción con desgravaciones tributarias o
arancelarias, que a la postre se traducen en diferencias
de los precios relativos, entre regiones, propiciando
de esta manera el paso de una mercancía de una
región a otra bajo la modalidad de contrabando.
El daño que el contrabando fronterizo hace a
nuestros países, tiene graves manifestaciones
económicas y sociales. Por una parte, significa
una competencia desleal con las empresas formalmente
constituidas, que ha llevado a la quiebra a miles de
unidades productivas y comerciales, grandes y pequeñas,
de sectores tan vulnerables como el textil, de calzados,
juguetes, plásticos, alimentos y electrodomésticos,
para citar unos cuantos. Significa también el
incremento de la informalidad y el desempleo. Y lo que
es más grave, significa un deterioro de la moral
ciudadana: en todos los niveles de las instituciones
todavía es posible encontrar personas que sostienen,
que el contrabando es un mal necesario, que ayuda a
resolver las necesidades de las poblaciones fronterizas.
Este argumento laxa las acciones de represión
del delito, y al mismo tiempo, alienta y facilita el
contrabando. En esto quiero ser enfático, Nada
justifica el contrabando. Nada puede convertir al contrabando
en una práctica virtuosa. Lo contrario, significa
hacernos cómplices de un hecho que daña
la economía nacional, destruye a los hombres
y a sus instituciones. Delinquir para vivir, es la moral
de los débiles y de los delincuentes, y ello
es intolerable en un mundo realmente civilizado.
La defraudación de rentas
de aduana
La subvaluación y el subconteo
son las prácticas principales de evasión
tributaria en el comercio exterior y ellas son posibles
por deficiencias de los sistemas de control aduanero,
por las insuficiencias de las fuentes de información
respecto a precios, calidades y origen de los productos;
por la ausencia de mecanismos de fiscalización
inteligentes; por la ausencia de un control integral
del fraude en el proceso de importaciones, y comercialización
de las mercaderías; e indudablemente por la presencia
de algunos pocos elementos corruptos en el ámbito
empresarial y las aduanas.
En mi país, la subvaluación
y el subconteo afectan también a los sectores
textil, confecciones, calzado y alimentos, entre otros
sectores todos ellos altamente generadores de empleo
y de significativa importancia en la contribución
fiscal. Por ejemplo, en el sector textil muchas veces
se ha venido importando telas a precios muy por debajo
del costo de la materia prima necesaria para su fabricación,
principalmente de los países del Asia, aprovechando
nuestra aún débil estructura de control.
La aduana peruana, a pesar de sus innegables
adelantos, formó y mantiene un banco de datos,
pero todavía es insuficiente. Realiza control
aleatorio de sus importaciones, haciendo un relativo
reconocimiento físico del 15 por ciento de ellas,
pero todavía no esta en grado de fiscalizar el
total del 85 por ciento restante y más grave
aún, no tiene una articulación eficiente
con la entidad administradora de tributos.
A mi juicio, existen además,
otros elementos agravantes en el régimen de control
aduanero peruano. Uno de ellos, siendo el más
importante, es la supervisión de importaciones
en origen, realizado por empresas internacionales con
mucho prestigio en control de calidad, pero sin una
especialización predominante en el comercio exterior.
Para estas empresas, la supervisión de importaciones
peruanas es un negocio más, porque el Perú
es uno de los pocos países que ha delegado el
control de gran parte de sus importaciones a estas empresas.
Este sistema, es oneroso para el país, encarece
las importaciones y no evita las operaciones fraudulentas.
En muchos casos, se ha evidenciado que no efectúan
las verificaciones y que permiten el ingreso de mercaderías
con precios muy inferiores al valor de sus costos fabricación.
El otro elemento agravante es la prioridad que se viene
dando a la agilidad de operaciones aduaneras en desmedro
de la eficiencia del control.
El daño que en nuestras economías
origina la defraudación de renta de aduana, es
mayor aún que el ocasionado por el contrabando
abierto, porque incide directamente y negativamente
en la actividad manufacturera del país, que lejos
de crecer, se ve obligada al cierre de empresas, al
despido masivo de trabajadores, a una menor recaudación
fiscal, al aumento de la informalidad, con trabajadores
mal pagados, sin beneficios sociales y afectando la
salud moral del país. En esta parte, deseo también
ser enfático y claro. La lucha contra la defraudación
de rentas de aduanas no es una tarea exclusiva del sector
público. Es también responsabilidad de
los empresarios y de las instituciones que los representan,
porque tienen el deber de colaborar con el Estado en
el control de las importaciones, vigilando el adecuado
comportamiento de los operadores de las importaciones
y de los órganos de control aduanero. Es también
responsabilidad de los empresarios, medios de comunicación
e instituciones, que representan a los consumidores,
desarrollar una ética de rechazo a los bienes
de dudosa procedencia y velar por el ejercicio de la
competencia legal.
El dumping
Muchos productos provenientes de algunos
países del Asia ingresan en los mercados de nuestro
continente con precios que están muy por debajo
de sus costos de producción. Lo sistemático
de estas operaciones constituye una verdadera práctica
de "dumping", que destruye empresas y erosiona
el aparato productivo de nuestras débiles economías.
Fuga de divisas
Una de las formas de eludir el control
de divisas y altas tasas de impuestos a las rentas que
tienen algunos malos empresarios de países del
Asia, es justamente vía el comercio ilícito
de exportación. Algunas empresas hacen sus ventas
al exterior con precios por debajo de los que rigen
en el mercado internacional y de los que tienen en su
mercado doméstico, colocándose en clara
situación de dumping e ingresando a nuestros
mercados en situación de ventaja respecto a producciones
locales.
No voy a analizar el origen de este
fenómeno, porque mi preocupación esta
centrada en dos aspectos que considero importantes.
El primero, se refiere a la lentitud de respuesta de
los gobiernos a las denuncias de "dumping".
Los organismos encargados de investigar las denuncias
toman tanto tiempo en comprobar el daño, que
cuando emiten sus decisiones el daño es irreversible.
Probablemente, si la empresa denunciante no desapareció,
lo más seguro es que se encuentre en severa crisis.
Lo segundo, es la ausencia de una vigorosa acción
de las empresas y de sus instituciones representativas
para lograr que el Estado actúe con mayor rapidez
y eficiencia.
¿Qué hacer?
Nuestra experiencia nos permite sostener
que la lucha contra el fraude aduanero es un desafío
que va más allá del ámbito de nuestras
fronteras nacionales y que es necesaria una acción
más drástica y consistente, porque este
delito:
- Debilita aún más nuestras economías.
- Destruye y quiebra nuestras empresas.
- Propicia el comercio desleal.
- Genera creciente desempleo.
- Alienta la informalidad.
- Empobrece nuestras arcas fiscales.
- Resta oportunidades a nuestros jóvenes.
- Deteriora nuestra moral y escala de valores.
- Posibilita otras prácticas ilegales como
el narcotráfico y el blanqueo de dinero, y
también;
- Corrompe el sistema en su conjunto.
En un mundo globalizado, de economías
internacionalizadas, de mercados que actúan en
bloques y donde los flujos de la información
son cada día más complejos y más
grandes, se requiere también de acciones más
eficientes que comprometan a todos los sectores.
Esto significa que en el frente interno,
nuestros países logren la articulación
de la Aduana y las instituciones representativas del
sector empresarial y la sociedad civil, para que en
estrecha colaboración puedan conducir en forma
eficaz y eficiente políticas de control y regulación
tendientes a reducir los niveles del contrabando, rentas
de aduana y a eliminar la corrupción.
En el frente externo, esto significa
lograr una acción concertada de las instituciones
representativas de los sectores empresariales, que al
interior de sus países, desarrollen acciones
contra el fraude aduanero, para ejecutar programas conjuntos
de manejo de información y asistencia técnica,
destinados a la defensa y vigilancia frente a corrientes
y prácticas ilícitas de comercio. Personalmente,
estoy convencido de la necesidad de construir una red
empresarial americana de inteligencia contra el fraude
aduanero, cuya misión sea:
- Establecer un banco de información (para
productos sensibles de ser objeto de operaciones fraudulentas)
de precios, calidades, procedencias, productores,
modalidades y tendencias, que sirva de fuente de consulta
y verificación de datos útiles para
prevenir y reprimir el fraude aduanero.
- Establecer programas de asistencia técnica
que ayuden a los gremios empresariales, a establecer
y/o mejorar los sistemas de fiscalización de
las operaciones de comercio exterior a la Aduana misma.
- Diseñar sistemas de información que
permitan identificar flujos de comercio, asociados
al lavado de dinero del comercio ilícito de
drogas.
A esta red acudirán las organizaciones
gremiales nacionales comprometidas contra los delitos
de aduana. Permitiendo que los empresarios de las Américas,
adquieran un mayor protagonismo en los esfuerzos de
integración continental y en la defensa de sus
intereses, acordes con la creciente sofisticación
y amplitud que vienen desarrollando las organizaciones
y formas del comercio ilícito.
Estoy consciente que este no es el
momento y el lugar para debatir una propuesta tan concreta
como la que acabo de esbozar, ya que hay necesidad de
hacer un diseño más elaborado de la misma
y lograr en torno a ella, un consenso de las instituciones
representativas de los empresarios de nuestras naciones,
para posteriormente poder abordar su posible creación.
Sin embargo, tengo la plena convicción, por la
gravedad de los problemas descritos que sí es
el foro adecuado para sembrar la idea y comenzar a reflexionar
en torno a ella.
Estamos comprometidos en diversos proyectos
de integración a lo largo del continente, algunos
de ello de alcance parcial y uno de carácter
continental como el ALCA - Acuerdo de Libre Comercio
de las Américas. Todos ellos reclaman una actitud
más decidida del sector empresarial y éste
es un aporte en esa dirección que podría
redundar en el fortalecimiento de nuestros sistemas
aduaneros y del ejercicio de mecanismos leales de competencia
en los mercados.
Para terminar, deseo reiterar mi agradecimiento
a quienes han hecho posible mi presencia en este certamen
y a quienes como ustedes han tenido la paciencia de
escuchar mi intervención.
Deseo finalmente, despedirme saludando
a las autoridades de esta casa de estudio, a sus maestros
y muy especialmente a los estudiantes, quienes tienen
la gran responsabilidad de ejecutar a partir de nuestras
experiencias, los cambios a los que nos obliga este
mundo moderno.
Espero que en una próxima oportunidad,
sean ellos, los jóvenes, quienes ocupen esta
mesa y nosotros seamos su auditorio y testigos de sus
propuestas, para lograr una mejor calidad de vida en
beneficio de nuestro continente.
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