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DISCURSO DEL SEÑOR CONGRESISTA
JORGE MUFARECH NEMY, EN LA LVII ASAMBLEA DE AFILIADOS
DE LA DIAN - CARTAGENA DE INDIAS
15 de agosto del 2001
Distinguidos Ministros de Comercio,
Hacienda, Relaciones Exteriores y de Desarrollo Económico
de Colombia. Distinguidos Presidente de la Juntas
Directivas
Nacionales y Seccional de la DIAN. Distinguido Presidente
de la DIAN, Doctor Luis Carlos Villegas Echeverri.
Distinguidos
empresarios, señoras y señores:
Deseo expresar ante todo, mi agradecimiento
a la señora Ministra de Comercio Exterior,
Doctora Martha Lucía Ramírez de Rincón
y al señor Presidente de la DIAN, Doctor Luis
Carlos Villegas, por haberme dado la oportunidad de
compartir con ustedes algunos comentarios sobre las
relaciones comerciales entre Perú y Colombia.
Las relaciones económicas con
la hermana república de Colombia datan de tiempo
atrás y últimamente han sido ratificadas
con la reciente firma del Convenio sobre Promoción
y Protección recíproca de inversiones,
firmado en Lima en el mes de mayo del 2001. Este documento
internacional fue suscrito con la finalidad de estimular
la iniciativa comercial individual y aumentar la prosperidad
en ambos estados.
Hay que recordar que el intercambio
comercial entre ambas naciones ha crecido de 185 millones
de dólares en 1990 a cerca de 520 millones de
dólares en el año 2000. Colombia constituye
uno de los principales destinos de nuestras exportaciones
de alambre de cobre refinado, zinc sin aleación
y harina de pescado; recibiendo nosotros, en mayor volumen,
Aceite crudo de petróleo, azúcar refinada
y medicamentos, entre otros productos.
Este intercambio económico comercial
encuentra a nuestras dos naciones de una posición
privilegiada respecto a las demás naciones de
la subregión, no sólo por su ubicación
geográfica sino por su creciente flujo comercial
para la comunidad andina que agrupa a más de
113 millones de habitantes que han visto dinamizado
su intercambio comercial del primer tercio del año
2001, en relación al primer tercio del año
2000, en más del 20%; confirmando la tendencia
del año 1990 donde este crecimiento llegó
al 31%. De mantenerse esta tendencia prodríamos
cerrar el año con un flujo intra subregional
cercano a los 6,000 millones de dólares.
Este reto comercial y de integración
de la comunidad andina debe tener en cuenta los cambios
que han comprometido a todas las naciones, desde las
más grandes hasta las más pequeñas,
desde las más desarrolladas hasta las más
atrasadas, independientemente de su disposición
y preparación para afrontar los mismos.
Hoy en día, los mercados son
más cercanos y numerosos, pero las fronteras
se han reducido hasta casi desaparecer. Los flujos de
la información, de los capitales, de la tecnología
y del comercio se han incrementado. Las economías
entrelazadas, el comercio en bloques y la liberalización
e integración de los mercados han creado un nuevo
escenario económico y comercial que impone la
puesta en vigencia de nuevos esquemas de comportamiento
y la presencia de instituciones eficientes. Ejemplo
de ello lo constituyen, las zonas de libre comercio,
un mercado común y la unión aduanera.
Países como los nuestros, de
escasos recursos económicos, financieros y técnicos,
enfrentan con retraso las exigencias de este mundo globalizado,
que hace necesaria la integración económico
comercial para asegurar una posición expectante
en el contexto internacional.
Es por ello que algunos de nuestros
países, a pesar de su vocación por la
modernidad y los cambios estructurales para enfrentar
los retos del mundo moderno, no pueden superar todavía
lacras ancestrales como el contrabando y la defraudación
de rentas, y otras más recientes y vigorosas
como el comercio ilícito de drogas.
En este contexto el Perú experimenta
un proceso de profundos cambios estructurales, que significan
la redefinición de los roles del estado y del
sector privado, la consolidación de la economía
peruana en la economía internacional, la apertura
de nuevos mercados, la reducción progresiva de
aranceles, la modernización de sus instituciones
y una lucha frontal contra todo tipo de corrupción.
De una manera u otra, los cambios deben
alcanzar a todas las instituciones y la administración
aduanera no puede ser la excepción. Con relación
a esta institución, el Perú cuenta con
una aduana en cierta forma preparada para los nuevos
retos. Sin embargo, subsisten el contrabando, la defraudación
de rentas fiscales, el comercio ilícito de narcóticos
y otros males asociados al comercio internacional, que
para superarse requieren de mayor eficiencia en la regulación
y el control que han sido sacrificados por la agilidad
en la prestación de servicios aduaneros, requiriéndose
así, cambios en el comportamientos social de
las personas e instituciones.
EL CONTRABANDO
Entendido como el ingreso de mercancías
burlando los controles aduaneros, éste se produce
en el Perú por las fronteras con Chile, Bolivia
y Ecuador, mediante el denominado "Contrabando
hormiga", que consiste en el traslado sistemático
de pequeños volúmenes de mercancías
a través de las poblaciones fronterizas, por
"seudo turistas", manipulados por mafias internacionales.
La otra modalidad, es el paso de flotas
o convoyes de "Trailers", por lo general protegidos
por bandas armadas, que cruzan las zonas de frontera
menos vigiladas, especialmente con la de Bolivia, pertenecientes
también a organizaciones delictivas, nacionales
e internacionales, dedicadas a sacar divisas de algunas
economías asiáticas y al "blanqueo"
de dinero procedente del comercio de drogas, que utilizan
en el caso peruano, la zona franca de Iquique - Chile
como "cabeza de playa" de sus operaciones.
Sobre este punto es conveniente hace una reflexión.
El daño que el contrabando fronterizo
hace a nuestros países, tiene graves manifestaciones
económicas y sociales. Por una parte, significa
una competencia desleal con las empresa formalmente
constituidas, que ha llevado a la quiebra a miles de
unidades productivas y comerciales, de sectores tan
vulnerables como el textil, de calzados, juguetes, plásticos,
alimentos y electrodomésticos. Significa también
el incremento de la informalidad y el desempleo y lo
que es más grave, el deterioro de la moral ciudadana.
Nada justifica el contrabando. Nada puede convertir
al contrabando en una práctica virtuosa. Lo contrario,
significa hacernos cómplices de un hecho que
daña nuestras economías, destruye a los
hombres y a sus instituciones.
LA DEFRAUDACIÓN DE RENTAS
DE ADUANAS
La subvaluación y el subconteo
son las principales prácticas de evasión
tributaria en el comercio exterior y ellas son posibles
por deficiencias en los sistemas de control aduaneros,
por la insuficiente información respecto a precios,
cualidades y origen de los productos, por la ausencia
de mecanismos de fiscalización inteligentes,
por la ausencia de un control integral del fraude en
el proceso de importación y comercialización
de las mercaderías e indudablemente por la existencia
de algunos pocos elementos corruptos en el ámbito
empresarial y las aduanas.
En mi país, la subvaluación
y el subconteo afectan también a los sectores
textil, confecciones, calzado y alimentos, entre otros;
sectores altamente generadores de empleo y de significativa
importancia en la contribución fiscal. Por ejemplo,
en el sector textil muchas veces se ha venido importando
telas a precios muy por debajo del costo de la materia
prima necesaria para su fabricación, principalmente
de los países del Asia, aprovechando nuestra
débil estructura de control.
La aduana peruana, a pesar de su tecnificación
formó en la última década, junto
con las empresas supervisoras de mercancías un
banco de datos, hasta hoy insuficiente e ineficiente.
Además realiza control aleatorio de sus importaciones,
haciendo un "selectivo" reconocimiento físico
del 15% de ellas, pero todavía no está
en grado de fiscalizar el total del 85% restante, y
lo que es más grave aún, no tienen una
articulación eficiente con la entidad administradora
de tributos ni con la entidad encargada de velar por
la competencia fiscal.
Asimismo, existen otros elementos agravantes
en el régimen del control aduanero peruano, uno
de ellos, es la supervisión de importación
en origen, realizado por empresa internacionales con
mucho prestigio en el control de calidad, pero sin una
especialización en el comercio exterior. Para
estas empresas supervisoras, la supervisión de
las importaciones peruanas es un negocio más,
porque el Perú es uno de los pocos países
que ha delegado el control de gran parte de sus importaciones
a estas compañías.
Este sistema, es oneroso para el país,
encarece las importaciones y no evita las operaciones
fraudulentas. En muchos casos, se ha evidenciado que
no efectúan las verificaciones y que permiten
el ingreso de mercaderías con los precios muy
inferiores al valor de sus costos de fabricación.
El daño que en nuestras economías
origina la defraudación de rentas de aduana,
es mayor aún que el ocasionado por el contrabando
abierto, porque incide directamente y negativamente
en la actividad manufacturera del país, que lejos
de crecer, se ve obligada al cierre de empresas, al
despido masivo de trabajadores, a una menor recaudación
fiscal, al aumento de la informalidad, con trabajadores
mal pagados, sin beneficios sociales y afectando la
salud moral del país.
En esta parte, deseo también
ser enfático y claro. La lucha contra la defraudación
de rentas de aduana no es una tarea exclusiva del sector
público, sino también responsabilidad
de los empresarios, medios de comunicación e
instituciones involucradas.
EL DUMPING
Muchos productos provenientes de algunos
países del Asia ingresan a nuestros mercados
con precios que están muy por debajo de sus costos
de producción. Lo sistemático de estas
operaciones constituye una verdadera práctica
de "dumping", que destruye empresas y erosiona
el aparato productivo de nuestras débiles economías.
Una de las formas de eludir el control
de divisas y altas tasas de impuestos a las rentas que
tienen algunos malos empresarios de países del
Asia, es justamente vía el comercio ilícito
de exportación. Algunas empresas hacen sus ventas
al exterior con precios por debajo de los que rigen
en el mercado internacional y de los que tienen en su
mercado doméstico, colocándose en clara
situación de "dumping" e ingresando
a nuestros mercados en situación de ventaja respecto
a producciones locales.
No voy a analizar el origen de este
fenómeno, porque mi preocupación esta
centrada a dos aspectos que considero importantes. El
primero se refiere, a la lentitud de la respuesta de
los gobiernos a las denuncias de "dumping".
Los organismos encargados de investigar las denuncias
toman tanto tiempo en comprobar el daño, que
cuando emiten sus decisiones, el daño es irreversible.
Probablemente, si la empresa denunciante
no desapareció, lo más seguro es que se
encuentre en severa crisis. Lo segundo, es la ausencia
de una vigorosa acción de las empresas y de sus
instituciones representativas para lograr que el Estado
actúe con mayor rapidez y eficiencia.
¿QUÉ HACER?
Nuestra experiencia nos permite sostener
que la lucha contra el fraude aduanero es un desafío
que va más allá del ámbito de las
fronteras de la comunidad andina y que es necesaria
una acción más drástica y consistente,
porque este delito: debilita aún más nuestras
economías, destruye y quiebra nuestras empresas,
propicia el comercio desleal, genera creciente desempleo,
alienta la informalidad, empobrece nuestras arcas fiscales,
resta oportunidades a nuestros jóvenes, deteriora
nuestra moral y escala de valores, posibilita otra prácticas
ilegales como el narcotráfico y el blanqueo de
dinero y corrompe el sistema en su conjunto.
En un mundo globalizado, de mercados
que actúan en bloques como el que ambicionamos
y donde los flujos de la información son cada
día más complejos se requieren también
de acciones conjuntas más eficientes que comprometan
a todos los sectores.
Esto significa que en el frente interno,
nuestros países logren la articulación
de la aduana y las instituciones representativas del
sector empresarial y la sociedad civil, para que en
estrecha colaboración puedan conducir en forma
eficaz y eficiente política de control y regulación
tendientes a reducir los niveles del contrabando, defraudación
de rentas de aduana y a eliminar la corrupción.
En el frente externo, significa lograr
una acción concertada de las instituciones representativas
de los sectores empresariales, que al interior de sus
países, desarrollen acciones contra el fraude
aduanero, para ejecutar programas conjuntos de manejo
de la información y asistencia técnica,
destinados a la defensa y vigilancia frente a corrientes
y prácticas ilícitas de comercio. Personalmente,
estoy convencido de la necesidad de constituir una red
empresarial subregional de inteligencia contra el fraude
aduanero, cuya misión sea:
-
Establecer un banco de información
de precios, calidades, procedencias, productores,
modalidades y tendencias para productos sensibles
de ser objeto de operaciones fraudulentas, el mismo
que sirva de fuente de consulta y verificación
de datos útiles para prevenir y reprimir
el fraude aduanero.
-
Establecer programas de asistencia
técnica que ayuden a los gremios empresariales
a establecer y mejorar los sistemas de fiscalización
de las operaciones de comercio exterior a la aduana
misma.
-
Diseñar sistemas de información
que permitan identificar flujos de comercio, asociados
al lavado de dinero del comercio ilícito
de drogas.
-
A esta red acudirían
las organizaciones gremiales nacionales comprometidas
contra los delitos de aduana, permitiendo que los
empresarios de nuestras naciones, adquieran un mayor
protagonismo en los esfuerzos de integración
continental y en la defensa de sus intereses y de
los miembros de la sociedad.
-
Es necesaria una actitud más
decidida del sector empresarial. Y éste es
un aporte en esa dirección que podría
redundar en el fortalecimiento de nuestros sistemas
aduaneros y del ejercicio de mecanismo leales de
competencia en los mercados.
Muchas gracias.
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